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La Escuela de Artes y Oficios de La Habana


En La Habana, el 10 de enero de 1882, se reunieron los señores Don Fernando Aguado y Rico, Licenciado en Ciencias Exactas; Don Manuel Ubeda y Aydely, Licenciado en Medicina y Cirugía; Don Carlos de la Torre y Huertas, Licenciado en Ciencias Naturales; Don Joaquín Jacobsen y Cantos, Licenciado en Medicina y Cirugía y Don Fidel Miró y Soler, Profesor y Escultor, para crear una “Escuela Preparatoria de Artes y Oficios”, auspiciada por la Excelentísima Diputación de la Provincia de La Habana. No sospechaban entonces sus fundadores la trascendencia de este acto cívico, culto y altruista. Los acuerdos que constan en el Acta de Constitución dan muestra de ello:
“… primeramente crear la Escuela para dar la enseñanza completamente gratuita, haciéndola de este modo accesible a todas las clases, enseñanza que consistirá en los conocimientos científicos fundamentales necesarios a un Arte y Oficio, (….) comprometiéndose solamente a desempeñar sin retribución alguna en obsequio del país las diversas asignaturas que prescribe el Reglamento”.
“También se acordó pedir a la Excelentísima Diputación Provincial que aloja el proyecto tomándolo bajo autoprotección y prestándole su valioso apoyo (…) facilitando (…) el local (…) toda vez que tiene en su edificio espacio suficiente para dedicar a este piso, así también el alumbrado pues las clases serán nocturnas…” El 30 de abril se nombra a Fernando Aguado y Rico como Director y se aprueba el Reglamento Escolar. El 10 de mayo comenzaron las clases para regocijo de sus profesores, quienes a pesar de no cobrar sus clases durante cinco años, recibieron los primeros 123 alumnos.

Se impartía Mecánica Aplicada, Aritmética, Álgebra, Geometría teórico-práctica, Geografía y Dibujo. Y en cuanto a los oficios: carpintería, albañilería, cantería, tornería, fundición, dibujo, entre otros. La mayoría de los primeros profesores fueron universitarios, sin embargo, la necesidad de incrementar su número hizo que los propios graduados pasaran a formar parte del claustro. La generalidad del alumnado estaba formada por hijos de obreros, esclavos o libertos y una minoría pertenecía a la pequeña burguesía. La escuela llegó a tener su revista que nombró Artes, Ciencia y Trabajo y en ella escribían profesores y alumnos. Contó con su propia Biblioteca, con materias de estudio y de cultura universal.
Instalados en un local del Edificio de la Diputación, en Empedrado y Aguiar, diez años después, el gobierno español celebró el 400 Aniversario del descubrimiento de América colocándose la primera piedra para la construcción de un edificio propio el 15 de octubre de 1892. El terreno adquirido para ello estaba comprendido entre las calles Belascoaín, Misión, Sitios y Maloja, concibiendo así el primer edificio en Cuba dedicado únicamente a la enseñanza técnica industrial. Fue inaugurado en 1894, con especial interés en las clases prácticas, por ello a esta zona se le conocía como “los talleres”, pues además se impartían en los altos, clases teóricas.

Concebida la fachada con elementos clásicos, sencillos y elementales, su interior, en cambio, constituye un alarde del empleo del hierro, formando una espléndida estructura de gran solidez y belleza, evocadora y pionera de los códigos de modernidad que se anunciaban ya en La Habana de finales del XIX. Columnas, techos y escaleras, fueron realizados en el fuerte y duradero material, cuya resistencia es una prueba hasta nuestros días. Cubierto el piso con madera, aún hoy ofrece un contraste interesante. Las obras fueron realizadas por la Fábrica de “The Berlin Iron Bridge Co.”, bajo la dirección de los ingenieros J. F. Rogers & Co., de New York.
El 16 de mayo de 1902 se inauguró el edificio principal de la Escuela de Artes y Oficios de La Habana, construido para destinarlo a oficinas, secretaría, administración, y especialmente, para las clases teóricas. De ese modo, la primera fábrica quedó como un segundo cuerpo dentro del nuevo volumen. Su frente hacia la calle Belascoaín fue dotado de un hermoso diseño, quedando expuesta la naturaleza de la piedra con que fue construido que, junto a los elementos decorativos agregados, evidencian su filiación ecléctica. Su elegancia fue completada con el empleo en su interior de maderas preciosas, elaborados herrajes, losas hidráulicas de bellos dibujos (luego sustituidas por terrazo), y la concepción de espacios bien distribuidos, iluminados y ventilados. Estas áreas eran decoradas con los propios trabajos de los alumnos, algunos conservados hasta la actualidad.
En 1915, con la apertura de la escuela de Arquitectura en la Universidad de La Habana, los graduados sintieron el rechazo, contribuyendo al abandono de la escuela por parte del gobierno de la floreciente República. En 1918 se funda la Federación de Alumnos de Artes y Oficios, y por divisiones internas, Don Fernando Aguado y Rico fue sustituido por el Dr. Manuel Pérez Beato, luego de haber desempeñado su labor de profesor y director durante 36 años. En 1927 se fundó la asociación privada de carácter deportivo “Artes y Oficios Sport Club” y el 20 de mayo de 1928 toma el nombre de “Escuela Superior de Artes y Oficios de La Habana”, aunque no se le permitiera emitir títulos de ingenieros. En 1938 se le dio el nombre de Escuela Superior de Artes y Oficios de La Habana de “Fernando Aguado y Rico”, gesto que agradeció en vida, honrado y emocionado, pues falleció el 19 de julio de 1941, a los 82 años de edad. Su cadáver fue velado en el Aula Magna del centro, donde los alumnos rindieron honor al hombre que, con sólo 22 años, había fundado una de las obras más revolucionarias en la enseñanza de su época y de Cuba. Fue, asimismo, la primera escuela de su tipo en América, con categoría práctica, teórica y científica.
Entre 1945 y 1946 se le añadió una planta más al edificio principal y un área de deportes en la azotea, entre otras mejoras que se le hicieron, como la ampliación de los talleres, la adquisición de nuevos equipos, instrumentos, máquinas y herramientas. Y el mayor logro: la fundación de una escuela pública en Bejucal, con resultados destacados, incluso, inaugurada por el propio presidente Grau San Martín. 
En 1961 el centro se clausura para disconformidad de muchos y permaneció cerrado dos años, abriendo en 1963 como “Instituto Tecnológico de Electrónica y Comunicaciones Fernando Aguado y Rico”. En el curso escolar 2000-2001 se habilita el centro como “Instituto Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico” y en el curso 2002-2003 se inauguró la Sede Universitaria de igual nombre, como parte del Programa de Universalización de la Educación Superior. Aún perdida la enseñanza de los oficios que le dieron vida, se cumple el sueño de su fundador de preparar egresados de nivel superior. Su hijo, Fernando Aguado Moreira, fue un destacado arquitecto, profesor también de la Escuela de Artes y Oficios, proyectista del edificio para la Escuela Técnica e Industrial para Varones de Rancho Boyeros y, en 1940, fue Miembro del Consejo Nacional de Educación y Cultura del Ministerio de Educación.
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